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El Tren de las villas pontificias. El tren a Castelgandolfo desde el Vaticano

Castelgandolfo desde el Vaticano

El tren del Vaticano a Castel Gandolfo

El Vaticano va mucho más allá de las murallas que lo delimitan. El infinito dédalo de misterios de este mini estado se trasladan hasta Castel Gandolfo, en donde se encuentra la residencia veraniega de los Papas a orillas del lago Albano a menos de una hora de Romas Capital. Es posible visitarlo tomando el tren que conecta la Ciudad del Vaticano con las Villas Pontificias, un plan alternativo perfecto para seguir descubriendo el camino de la santidad.


Las villas Pontificias

Las villas Pontificias se encuentran en Castel Gandolfo, un tesoro natural que gracias al Papa Francisco ahora puede visitarse libremente. La Santa Iglesia es dueña de estos terrenos desde el s XVII, y durante esta etapa era fácil ver aquí al Papa Urbano VIII Barberini (1623-1644), quien los inauguró trasladándose en numerosas ocasiones al Palacio Pontificio. No fue sin embargo hasta principio de siglo cuando mediante los Pactos Lateranenses, estas villas se convirtieron en la residencia papal durante los meses estivales, en los que el calor romano asola sin tregua el Vaticano.

Desde aquel momento han paseado por estas villas y jardines todos los Papas del s. XX hasta Juan Pablo II y Benedicto XVI. La historia reciente de estas villas ha sido convulsa, pues durante la II Guerra Mundial, sirvieron como refugio a la población de los pueblos cercanos, llegando a concentrarse en sus 55 hectáreas de extensión cerca de doce mil personas hasta 1944, en el que en un buen 4 de junio se produjo la liberación de la Ciudad Eterna sitiada por el fascismo de Mussolini, siendo la primera gran capital de Europa zafada de las miserias de la guerra.

Y no sólo papas, también el Emperador Domiciano captó la esencia maravillosa del lugar para construir la que fue su casa de campo, siendo ahora uno de los mejores testimonio de época romana con que cuenta los alrededores de Roma. Un enclave natural y arqueológico singular.


Los tesoros de Castel Gandolfo

El ferrocarril se toma en el apeadero del Vaticano, situado en el interior de sus jardines, una oportunidad, sin duda única para visitarlos. El recorrido hasta Castel Gandolfo es una delicia. A lo largo del camino se pasa por distintos pueblitos de aire provinciano hasta llegar a Albano Laziale, uno de los rincones más desconocidos de Roma en donde merece la pena pasar un día y descubrir entre otras cosas, sus castillos. La llegada a esta residencia hace que el tiempo se detenga y a partir de ahora los largos paseos para descubrir cada rincón con encanto de estas villas se hagan infinitos.

A lo largo de esta oda al encanto a orillas del Lago Albano, desfilan olivos, encinas y cipreses y otras variedades que han inspirado el nombre de las distintas avenidas, jardines y explanadas de las villas: el jardín de las magnolias, la avenida de las rosas, la de las ninfas, de las encinas, son algunos de los nombres utilizados para dar palabras a esta gloria de la naturaleza. Paseando por estos senderos se descubren otros secretos, como un curioso criptopórtico semibubterráneo utilizado por los papas para poder pasear sin ser visto o las ruinas del esplendor de un viejo anfiteatro romano perfectamente circular en cuyo interior aún pueden apreciarse restos de mosaicos y sus pavimentos. Enamorados del aroma de flores y plantas el visitante se adentra en el placer de los jardines a la italiana, cuyo origen compositivo nació durante el Renacimiento.


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