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Las mejores pinturas de la pinacoteca Vaticana

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Las mejores pinturas de los Museos Vaticanos

Vamos a comentar aquí las que consideramos mejores obras de la pinacoteca Vaticana: San Jerónimo de Da Vinci, Transfiguración de Rafael, Descendimiento de la cruz de Caravaggio, San Nicolás salvando el barco de Fra Angelico, Virgen de Foligno de Rafael.

Todas estas obras y muchas más las puedes encontrar en los Museos Vaticanos. No incluimos aquí los frescos de la Capilla Sixtina, solo comentamos en este reportaje óleos sobre lienzo.


San Jerónimo de Da Vinci

Una de las obras pictóricas más representativas del cinquecento. Pertenece al virtuoso Leonardo da Vinci y es que es inconfundible el estilo propio de este genio. En la obra está presente el singular tratamiento del genio del renacimiento que recrea una atmósfera densa a través de luces dispersas o indirectas.

La técnica del esfumato tiene gran relevancia en este San Jerónimo logrando Da Vinci un efecto vaporoso de los elementos del paisaje a través de transiciones muy difuminadas entre luces y sombras que recrean un espacio extraño e inquietante. Además la representación de San Jerónimo resulta muy espeluznante por el sufrimiento de su rostro, la postura incómoda y hostil de su cuerpo y su brazo alargado que pretende llevarnos hacia el drama del personaje y el aspecto de la espiritualidad.

Leonardo da Vinci en el Vaticano

Leonardo da Vinci en el Vaticano


Transfiguración de Rafael

Una de las obras más complejas de Rafael Sanzio realizada por encargo del cardenal Julio de Médici que comprende dos planos independientes unidos por un mismo relato evangélico. En la parte superior se representa a un Cristo idealizado en el monte Tabor que ha sufrido el milagro de la transfiguración, acompañado de Elías y Moisés junto a algunos discípulos que despiertan ante la presencia de Cristo. En la parte inferior se despliega otra congregación de discípulos junto a un poseído que no ha podido ser curado por los apóstoles carente de una auténtica fe..

En la composición resalta la intensa expresividad y dramatismo que se enfatiza con un tratamiento de la luz insólito que procede de distintos ejes al tiempo que se combina con sombras profundas.

Transfiguración de Rafael


Descendimiento de la cruz de Caravaggio.

Una de las obras más espectaculares de Caravaggio de temática religiosa y repleta de simbolismo. Este monumental cuadro hurtado por las tropas napoleónicas en 1797 descansa en la actualidad en los museos vaticanos.

El pintor italiano plasma con enorme habilidad las cualidades psicológicas de los personajes en la escena, captando su alma y vida interior, destacando su particular tratamiento de la luz con la técnica del tenebrismo proyectando la luz sobre los rostros y dejando zonas completamente apagadas donde no es posible vislumbrar ningún espacio lo que aporta un dramatismo incomparable en la historia del arte.

Un óleo sobre lienzo que recuerda a la Piedad de Miguel Ángel donde Cristo aparece cargado de abatimiento aunque en esta composición es San Juan y Nicodemo quienes sujetan el cuerpo del mesías.

Descendimiento de la cruz de Caravaggio

Descendimiento de la cruz de Caravaggio


San Nicolás salvando el barco de Fra Angelico.

Esta obra sobre tabla era uno de los elementos que conformaba el retablo de Perugia que se encontraba dividido en 3 piezas. Fra Angélico se encuentra a medio camino entre lo gótico y el renacimiento, de ahí que esta obra se le considere heredera del gótico internacional. Una escena que relata dos milagros de San Nicolás y que aparecen en dos planos diferentes: la multiplicación del maíz para paliar la hambruna y la mediación del santo en el salvamento de un barco inmerso en una brava tempestad.

Contrasta la serenidad de la parte izquierda, donde una luz divina impregna las figuras estilizadas dotando la imagen de una sensación primaveral, frente a lo lúgubre y sombrío del plano de la derecha donde un mar colérico ha llevado a la deriva una embarcación.

San Nicolás salvando el barco de Fra Angelico.

San Nicolás salvando el barco de Fra Angelico.


Virgen de Foligno de Rafael

Un majestuoso cuadro que Sigismondo Conti encarga a Rafael para solemnizar el milagro que salvó su hogar en Foligno tras el advenimiento de un rayo. Aunque esta obra fue tomada por las tropas napoleónicas, actualmente se encuentra en la pinacoteca vaticana.

La pintura recoge el temperamento artístico del pintor italiano caracterizado por su lenguaje comprensible, sereno y armónico. Se divide en dos planos que se identifican con lo celestial donde se encuentra la Madonna arropada por nubes y ángeles y el terrenal en el cual se posiciona San Juan Bautista, San Francisco, San Jerónimo y Sigismondo de Conti. Se puede apreciar el característico naturalismo idealizado propio de Rafael, la simetría en la composición, la delicadeza del paisaje, el virtuosismo de los retratos y la suavidad de su pintura que nos recuerda a Botticelli.

Virgen de Foligno

Virgen de Foligno


Adán y Eva en el Jardín del Edén, de Wenzel Peter

Esta maravillosa y sugerente pintura es tal vez la obra cumbre de Wenzel Peter, un artista que alcanzó niveles de excelencia en la representación de la naturaleza y los animales, y que además era muy preciso desde el punto de vista científico.  En la orilla exuberante de un río, Adán y Eva se hallan en plácida pose y rodeados de cientos de animales de especies de los cinco continentes.

Esta pintura fue comprada por el Papa Gregorio XVI dentro de un lote del pintor austriaco que iría destinado a decorar la Estancia del Consistorio, dentro de los apartamentos papales.

Adán y Eva en el Jardín del Edén, de Wenzel Peter

Adán y Eva en el Jardín del Edén, de Wenzel Peter


El origen de la Pinacoteca Vaticana

La ubicación actual de la Pinacoteca Vaticana se remonta a 1932, año en que Pío XI encarga al arquitecto Luca Beltrami la construcción de un edificio en una zona amplia y abierta del Vaticano que permitiría albergar la colección de pinturas en las mejores condiciones de luz y despliegue estético.

Con esta iniciativa se resolvió un problema histórico que se tenía en el Vaticano de ubicar una colección maravillosa de cuadros que se iban moviendo de un lugar a otro sin ubicación fija. Estas pinturas provienen en gran parte de la afición coleccionista del Papa Pío VI a finales del siglo XVIII. Tras vicisitudes históricas, sustracciones y posteriores regresos tras el paso de Napoleón, en 1817 se decidió desplegar la colección a modo de exposición pública.

Hoy, la pinacoteca vaticana cuenta con unas 460 pinturas distribuidas en 18 estancias en orden cronológico desde los siglos XII al XIX con nombres como Giotto, Fra Angelico, Melozzo da Forlì, Perugino, Rafael, Leonardo, Tiziano, Veronese, Caravaggio o Crespi, entre otros.


 

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